Más allá de la innovación

Más allá de la innovación
 

Carlos Scheel Dr. Carlos Scheel
Profesor en Estrategias de Innovación
EGADE Business School.

Las condiciones geopolíticas, sociales, naturales, culturales, religiosas y energéticas, hacen cada vez más difícil el generar innovaciones cuyo impacto sea similar al que tuvieron los grandes emprendedores en el siglo pasado.

Durante el siglo XX, el mayor impacto de la innovación en Estados Unidos fue detonado por la Gran depresión a fines de la década de los 20. Esta situación, de acuerdo con Richard Florida, ayudó a convertirlo en el país que hoy cuenta con el mejor y más prolífico sistema de innovación del mundo.

En la década de los 80 inició la era digital con importantes innovaciones tecnológicas en microelectrónica, láser, telecomunicaciones y la computación en general, que originaron una mejora en la calidad de vida para algunos; sin embargo, este crecimiento influyó en un aumento de la brecha social entre “ricos y pobres” jamás antes visto en la historia, lo que generó graves crisis geopolíticas al comienzo del siglo XXI y enormes desestabilidades económicas que en 2008 que impactaron a casi todos los sistemas financieros del mundo.

Las redes sociales introdujeron cambios significativos a la comunicación masiva, pero el impacto de esta “revolución” no se compara con el generado por la revolución en el norte de África durante la Primavera Árabe en 2010.

Joseph Stiglitz, Nobel de Economía, señaló en el 5º Foro Mundial de la OCDE sobre Estadísticas, Conocimiento y Políticas llevado a cabo en Jalisco, México: “Cuando la innovación no está bien organizada, se puede promover la desigualdad, ya que el desarrollo obtenido solo se queda en algunos cuantos”.

La innovación por sí misma no garantiza la igualdad y el bienestar social. Debemos observar nuevas oportunidades fuera del entorno económico tradicional.

Por si fuera poco, las potencias mundiales han despreciado y desatendido a un viejo jugador que en la última década ha entrado en escena y puesto en jaque a los principales jugadores del ajedrez mundial: la naturaleza.

Incontrolables y devastadores fuegos han azotado a Rusia y a Estados Unidos en grandes áreas productivas agrícolas, después de muchos años inéditas inundaciones han tenido lugar en áreas donde no llovía por décadas, y algunos volcanes inactivos por siglos hoy están en erupción y su ceniza entorpece la navegación aérea, el turismo y la agricultura. Podemos continuar enlistando las innumerables catástrofes naturales que generan daño ambiental y una gran disminución en la productividad de los países y fuertes desequilibrios sociales. Tal como señala Janine Benyus, esta jugadora está cobrando de manera incierta y repentina las facturas de la desmedida industrialización.
 

La innovación debe de evolucionar

Hay que innovar la esencia y romper el paradigma clásico de innovación de productos, servicios y modelos de negocios que ha funcionado en otros países, en otras épocas. Dirigirnos hacia una innovación sistémica y democrática, orientada a innovar las condiciones, las teorías, las prácticas y los recursos regionales para que los lideres emprendedores, empresarios, políticos y académicos puedan encontrar soluciones a los complejos problemas que enfrentan en la actualidad.

Para innovar la innovación, debemos observar otros enfoques que han sido generados por mentes y espíritus brillantes, que están siendo utilizados con éxito por líderes practicantes y que han sido implementados en otras partes del mundo. Tales son los casos del enfoque sistémico y Peter Senge; la economía azul y Gunet Pauli;  la economía creativa y Richard Florida; la economía circular y Ken Webster; la innovación en reversa y Vijay Govindarajan; la economía de la base de la pirámide y Stuart Hart; así como la biomimicry o innovación inspirada en la naturaleza y Janine Benyus.

Es importante escuchar a los creadores y a los principales representantes de estas nuevas teorías para construir sobre ellas las nuevas estrategias que los empresarios, los políticos y los académicos deberán utilizar con el fin de generar las condiciones y formular las prácticas de negocios sustentables necesarias en la actualidad y el futuro próximo.

Debemos formar a los nuevos líderes basados en una innovación sistémica y democrática para que las empresas, más que líderes en el mercado, sean líderes participativos en la reducción de la desigualdad social, en la recuperación ambiental y, al mismo tiempo, sean económicamente viables y competitivas.

Tal como Andrés Oppenheimer señala, se debe encontrar la ecuación adecuada para América Latina que permita que las regiones sean innovadoras; socialmente incluyentes y equitativas; ambientalmente recuperables; y económicamente viables y competitivas. Solo así podremos salir de los procedimientos amañados, obscuros y poco efectivos que tienen décadas operando en la región.

En un mundo donde el cambio constante es la única regla, ni siquiera la innovación se salva del espíritu de cambio que el propio concepto tiene inherente. Los líderes de América Latina tienen los retos, pero también las oportunidades, para guiar a esta región y al mundo a una nueva era más allá de la innovación.

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